PSORIASIS INFANTIL
Tratamientos de la Psoriasis Infantil
El tipo de tratamiento prescrito por el dermatólogo no solamente debería adaptarse a la sintomatología de la psoriasis, sino que debería además tener en cuenta los deseos del niño (si tiene la edad suficiente para expresarlos) y de los padres.
El dermatólogo, los padres y el niño deberían colaborar para encontrar el tratamiento que mejor se adapte al niño. Deberían ponderarse los beneficios y riesgos del tratamiento con mayor cuidado que en casos de adultos, especialmente por lo que respecta a la terapia sistémica.
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Debido a la toxicidad de determinados fármacos, el número de tratamientos disponibles es inferior para los niños que para los adultos.
Por lo general, la psoriasis infantil se trata de modo secuencial, con cambio de tratamiento cada tres meses (se trata del mismo modo en los adultos). Las lesiones son menos visibles en verano debido a la exposición al sol. Debería volverse a tratar cuando aparezcan nuevos brotes, y continuar hasta que las lesiones se blanqueen.
El dermatólogo puede proponer un tratamiento sistémico si la psoriasis está muy extendida o es muy grave, y si tiene un gran impacto sobre la vida del paciente.
Los tratamientos sistémicos tienen efectos secundarios considerables, y deberían ponderarse debidamente las ventajas y las desventajas con el niño y su familia. Normalmente se prescriben para breves períodos de tiempo, y debe efectuarse un estrecho seguimiento de su uso.
La terapia PUVA se usa normalmente para niños mayores de 15 años puesto que aumenta el riesgo de cáncer. No obstante, aquellos niños que padecen una psoriasis extendida resistente a otras terapias pueden, de forma excepcional, beneficiarse de unas cuantas sesiones de terapia PUVA.
La terapia UVB tampoco es recomendable para los niños, aunque algunos dermatólogos la prescriben esporádicamente en aquellos casos de psoriasis grave que se resiste al tratamiento.
Los retinoides se usan para tratar la psoriasis pustulosa y eritrodérmica, y el reumatismo psoriásico. Los niños deben estar sometidos a un estrechísimo control para garantizar que los retinoides no inhiban el crecimiento.
También se prescriben a veces inmunosupresores como los inmunosupresores selectivos, algunos antineoplásticos o los inhibidores del TNF-alfa, pero únicamente cuando no se ha tenido éxito con otras terapias. Estos tratamientos también deberían ser estrechamente controlados debido al aumento del riesgo de cáncer.
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